MANIFIESTO DEL FABULADOR


La Liga del Cuento, asumiendo el saber hacer de diferentes narradores y espacios en Sudamérica y Europa y entendiendo la narración como un arte que construye imaginarios, que reconstruye memorias y que recompone el tejido social entrega este manifiesto al movimiento con el objeto de sentar su posición respecto al hacer artístico. No pretendemos crear verdades absolutas sino más bien plantear escenarios propicios para el debate y la creación argumentativa.
1.     Cuando de contar se trata no importa el cómo sino el porqué. La Liga defiende el motivo del narrador y lo antepone a la manera de contarlo. El fondo prima sobre la forma.
2.    El dónde no es más importante que el cómo. Para contar un cuento cualquier espacio real, imaginado o virtual es posible, las condiciones propicias las crea el artista. El espacio lo crea el artista en comunión con el público.
3.   En el escenario el cuento y el cuentero deben ser un todo. El narrador es un intérprete del relato y debe dejar que este fluya de manera orgánica. Los cuentos se cuentan para ser escuchados, no como un acto de esnobismo.  
4.  Un hombre que vive de las palabras debe darle valor a la suya propia. La palabra para el contador de historias debe ser sagrada, pues es la vida misma. La Liga del Cuento defiende la coherencia entre lo que se dice y lo que se hace como principio fundamental.
5.  Los espacios permanentes son como hogares de sus gestores, en consecuencia quienes son invitados a compartir su trabajo en estos lugares deben asumir las normas consensuadas respecto a la programación de los mismos.
6.   Los conflictos son bienvenidos... en los cuentos.
7.  Respetamos, impulsamos y si es posible integramos otras formas de oralidad a nuestro trabajo, siempre y cuando tengan una ilación dentro de las historias y una justificación plena desde el hacer artístico y no se hagan por simple capricho del narrador.
8.  En la narración de cuentos no existen verdades absolutas ni normas estándar. El arte en general es transgresor, debe reinventarse constantemente y los artistas deben hacer lo propio. La narración debe obedecer al cambio, experimentar, evolucionar, trascender.
9.  El arte de contar no tiene nacionalidad, raza ni género. Los artistas que cuentan pueden ser llamados cuenteros, cuentacuentos, narradores, fabuladores, juglares, o como bien quieran llamarse. No es el nombre, es el arte.
10. Al guerrero se le juzga por la batalla, no por la armadura. La Liga considera que el narrador puede vestirse como se sienta más cómodo. El atuendo está determinado como libre expresión de la personalidad del artista.
11. Los cuentos son libres, van y vienen y, una vez se crean, evolucionan o mueren. No obstante, se deben dar los créditos pertinentes. Plagiar los cuentos concebidos por un narrador oral  como parte de su trabajo es una ofensa para el arte y una vergüenza para los artistas. 
12. No se puede escribir sin saber leer. No se puede contar sin saber escuchar. La escucha empática depende del gusto del espectador, y este libera a los narradores de la obligación de presenciar espectáculos que no son de su agrado, mas no del deber de guardar silencio si están presentes.
13. El montaje de un espectáculo de narración oral debe ser visto como una composición. Cada relato lleva consigo una cadencia particular puesta por su intérprete, con base en un trabajo serio, estructurado y fundamentado.
14. Solo el público puede juzgar el trabajo del narrador. Pensar que el público carece de criterio es absurdo. Por ello los espacios deben ser incluyentes con los narradores independientemente de la estética de su propuesta. Es el público quien juzga lo que ve y manifiesta su agrado o desagrado.
15. La UNESCO ha proclamado la oralidad como patrimonio cultural inmaterial. En consecuencia, los cuentos son patrimonio de todos. Todos somos narradores potenciales, negarlo es negar el derecho que todos tenemos a disfrutar y construir vínculos comunicativos.
16. Todo narrador es responsable de su propia formación. Se trata de leer, de buscar talleres, de asesorarse, pero también de tener un pensamiento crítico frente a la información recibida que le permita adecuarla a sus necesidades personales.
17. Quienes se hacen cargo de dictar talleres de narración de cuentos deben asumir que su responsabilidad implica no guardar el conocimiento para sí mismos. Deben además ser consecuentes con su trayectoria. La responsabilidad de dictar un taller no puede ser tomada a la ligera.

18. Los miembros de La Liga somos lo que promulgamos, por lo tanto este manifiesto no es dogmático, cada uno de los puntos aquí tratados está sujeto a discusión, reflexión y cambio. 

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